6.1.10

El panita Yoda...


Un domingo otoñal, en un famoso restaurante de comida rápida, en Madrid, dos parejas y un niño, se detienen a tomar un cafecito con leche descafeinado.

Otro grupo comienza a dar señales de movimiento de abandono de mesa, y el primero (el de las dos parejas y el niño), comienza a acechar lo que pronto quedaría vacío.

Listo… mesa con 4 butacas y un puf, libre. Perfecto!

Los 3 varones del grupo, proceden a sentarse en 3 de las 4 butacas, dejando la cuarta y el puf libre. Mientras, las chicas piden en caja sus respectivas bebidas calientes descafeinadas.

Uno de los chicos, quien además es protagonista de varias de mis anécdotas, le comenta a su compañero, que cariñosamente llamaremos El Peque(ño):

- Chamo, dejaron una cajita feliz ahí abajo (señalando con la boca, al más puro estilo venezolano, la parte inferior de una de las mesas). Revisa a ver si dejaron algo.

Acto seguido, El Peque(ño), se dispone a agarrar la dichosa caja y…

Dentro habían dejado el juguetito: Un Yoda, al que como a la famosa pelota mágica americana (Toy Story, Friends, etc), se le puede preguntar cualquier tontería que se nos pase por la cabeza, y ellos (la pelota y/o el yoda), nos responderán con convincentes frases, para sacarnos de cualquier duda que nos pueda estar atormentando.

Extrañamente, quienes estuvieron más entretenidos con el juguetito, fueron los chicos grandes del grupo, puesto que el menor, en ese instante, yacía comiendo la galleta que había pedido como postre.

En algún momento, iluminada por un resplandor divino o por el poder mental de algún habitante de alguna lejana galaxia, o simplemente alertada por el estruendo que en ese momento me sacó de mi ensimismamiento, me dispongo a girar mi cabeza en dirección a la mesa que habíamos invadido.

Y cual es mi sorpresa y la de mi amiga, que había cierto chico de otro grupo, llevándose nada discretamente LA BUTACA de nuestra mesa, en donde alguna de nosotras se sentaría, y bajo la más absoluta distracción de los varones adultos que nos acompañaban, que en ese momento seguían preguntándole a Yoda, si ese diciembre se ganarían el premio gordo, o si al menos el año que venía, se acabaría la dichosa crisis que desde hace tanto tiempo Zp se empeña en negar.

Es decir, que si en ese preciso momento, no me mandan la señal del más allá, segurito se habrían llevado la butaca, y los discípulos de Yoda, ni cuenta se habrían dado, a pesar de que el roce de la butaca con el suelo hacía más escándalo que las obras del metro.

QUE BÁRBARO, MI HERMANO!